La influencia de Thomas Sankara sobre el movimiento intelectual y social

Demba Moussa Dembele


Las luchas por la segunda liberación de África (I)
fuente http://www.rebelion.org/noticia.php?id=62999

El periodo de las independencias de los países africanos a partir de finales de los 50 y principios de los 60, marca una etapa importante en la larga lucha de los pueblos africanos por liberarse del yugo colonial y de todas las demás formas de domincación extranjera. Este periodo suscitó grandes esperanzas en los pueblos africanos. Fue percibido como una etapa crucial hacia un desarrollo endógeno cuyos pilares serían la soberanía política de los pueblos y el control de los recursos naturales.

Las Independencias de los años 1960 representaban una victoria total sobre la ideología imperialista de la pretendida ”misión civilizadora” de los Occidentales en África. Estas independencias habían contribuido a devolver cierto orgullo a los africanos, abriendo una vía para el redescubrimiento y la reapropiación de la verdadera historia del continente. Bajo el impulso del presidente Nkrumah, los primeros países independientes habían iniciado un proceso de unidad, que culminó con la creación de la Organización de la Unidad Africana (OUA), el 25 de mayo 1963, en Addis Abeba (Etiopía). Esta unidad, a pesar de las divergencias ideológicas y políticas de los dirigentes africanos, daba un nuevo impulso a las luchas de liberación en el continente y a la lucha contra el odioso sistema de apartheid en Sudáfrica. Las independencias tuvieron también cierta influencia sobre las luchas de los pueblos de origen africano contra la opresión y la discriminación que padecían. Fue sobre todo el caso del movimiento por los derechos cívicos de EEUU en los años sesenta.

I) Los límites de la Primera Liberación de África

Pero 50 años más tarde, no podemos hacer otra cosa que constatar que las independencias no han acabado con la dominación del continente africano. Sobre todo, no han llevado a una ruptura con el modelo heredado de la colonización. La dependencia externa de África se ha acentuado, el control y el expolio de sus recursos han empeorado y la perdida de soberanía acerca de la elaboración de sus políticas de desarrollo se ha acelerado con los programas de ajustes impuestos desde hace casi tres décadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

A pesar de la creación de la Unión Africana y de la existencia de varias agrupaciones regionales, África está muy lejos de la unidad, tal y como lo han demostrado las negociaciones con la Unión Europea sobre los Acuerdos de Partenariado Economíco. Sin duda alguna, el continente carece de un liderazgo que pueda movilizar a los pueblos en torno a una visión audaz y unificadora, tal y como lo hicieron Nkrumah (Ghana), Nasser (Egipto), Nyerere (Tanzania) y muchos más, en el ocaso de las independencias.

A) Nacimento del neocolonialismo

Una gran carencia de estas independencias proviene del hecho de que la mayoría de ellas fueron otorgadas por las antiguas potencias coloniales, lo cual las convierte en independencias superficiales. Gracias a ello, estas potencias substituyeron la colonización indirecta – el neocolonialismo – a la colonización directa. Casi todas las relaciones de dominación siguieron intactas así como las instituciones creadas con el fin de legitimarlas. Hasta el punto de que en la mayoría de los casos, la independencia era un engaño y daba la ilusión de una ”soberanía” que sólo existía sobre el papel. De hecho, algunos países que se encontraban dentro de esta categoría sirvieron de base para desestabilizar a otros países realmente independientes y a determinados Movimientos de Liberación Nacional de países o naciones aún dominadas. Por ejemplo, en África Occidental, Costa de Marfil y Senegal han sido utilizados por Francia para desestabilizar a Guinea, durante los años de la presidencia de Sékou Touré.

En el ámbito económico, estas políticas de desestabilización consistían en sabotear económicamente o en asfixiar a las finanzas nacionales para impedir el éxito de los esfuerzos de reconstrucción nacional de los regímenes ”hostiles”. A nivel político, se llevaron a cabo determinados golpes de estado contra dirigentes tachados de ”pro-comunistas” por los países occidentales durante la guerra fría. Fue el caso del presidente Nkrumah en Ghana y del presidente Modibo Keïta en Malí. En otros casos, se cometieron crímenes odiosos, como los asesinatos de Patrice Lumumba en el Congo o de Thomas Sankara en Burkina Faso.

Por lo tanto, uno de los factores más importantes del fracaso relativo de la Primera Liberación de África fue la sustitución del colonialismo por el neocolonialismo. Las estructuras económicas, financieras y políticas que habían servido para subyugar a los africanos y para el expolio de sus recursos siguieron intactas. Además, las antiguas potencias coloniales instalaron bases militares o impusieron acuerdos de defensa que les dieron el control sobre los ejércitos recién creados de aquellos países y por lo tanto, sobre su seguridad. A través de este control, las antiguas metrópolis pudieron llevar a cabo una desestabilización permanente de los nuevos estados, como lo demuestra la multiplicación de los golpes militares que asolaron al continente durante las dos primeras décadas y después.

B) Continuidad y persistencia de la ”balcanización”

El triunfo del neocolonialismo se hizo posible gracias a la persistencia de la balcanización del continente, heredada del periodo colonial. Al aceptar de mantener las fronteras definidas por los colonizadores, los jóvenes estados africanos empeoraban su situación de debilidad, su fragilidad e incapacidad a la hora de resistir a las presiones de las antiguas potencias coloniales. Esta balcanización limitaba considerablemente el alcance del proyecto de unidad africana, que representaba la Organización por la Unidad Africana (OUA), el antecesor de la Unión Africana (UA). No obstante, el presidente Nkrumah había advertido de los peligros de esta división, al decir que ”África debe unirse o perecer”. Pero no había sido escuchado. A la luz de la situación actual del continente, su advertencia suena como una profecía y África sigue pagando un precio muy elevado por su fragmentación, tanto a nivel político como económico.

La razón principal del fracaso de los esfuerzos realizados para alcanzar una verdadera unión política reside quizá en las presiones y sabotajes de las antiguas potencias coloniales, que ven en esta unidad un peligro para el mantenimiento de su dominación. El rechazo de la mayoría de los presidentes de los países independientes es un segundo factor. Prefieren quedarse con sus ”independencias”, su bandera y sobre todo, sus relaciones bilaterales ”privilegiadas” con la antigua metrópoli. Esto es particularmente el caso de los países ”francófonos”, es decir, de las antiguas colonias francesas. Explica por ejemplo el fracaso de determinados intentos de unificación, como la Federación de Malí, entre el actual Malí y Senegal. Explica también el mantenimiento de una moneda como el franco CFA, totalmente controlada por Francia.

Finalmente, la guerra fría entre el campo soviético y los países occidentales contribuyó también a socavar la unidad de los países africanos y a acrecentar las divisiones de los dirigentes africanos, sometidos a una presión constante por parte de los bandos.

C) Debilidades del liderazgo

A parte de los factores heredados de la colonización, la naturaleza del liderazgo africano, sobre todo en la mayoría de los países cuya independencia había sido ”otorgada”, jugó un papel importante en la persistencia de la balcanización y el fracaso de la Primera Liberación de África. De hecho, en muchos países, los dirigentes estaban de acuerdo con los planes de la metrópoli, es decir, con la puesta en marcha del neocolonialismo. Al aceptar la continuidad de las relaciones heredadas de la colonización, aquellos líderes renunciaban a cualquier intento de transformación económica y social y a un auténtico programa de construcción nacional y de unificación africana. De esta manera, fomentaban el reforzamiento de los lazos de dependencia que les unían con la metrópoli, en todos los ámbitos.

De hecho, la mayor parte de los dirigentes de los primeros años de las independencias tenían una ”conciencia nacional” bastante débil, es decir, tal y como lo entendía Frantz Fanon, que carecían de voluntad política y de cierta disposición para superar los intereses personales o del grupo con el fin de defender los intereses vitales de la nación. Muchos dirigentes no tenían otra ambición que la de ejercer el poder para sacarle provecho. Su adhesión a la ideología neocolonial era más fácil aún ya que habían heredado de países sin verdadera infraestructura y con unos recursos humanos muy limitados. Si añadimos la desconfianza de algunos líderes hacia sus propios pueblos e intelectuales, a menudo considerados como unos simples importunos, entendemos la facilidad con la que aquellos presidentes se rindieron al control de la metrópoli. La preponderancia de este género de liderazgo hizo fracasar todos los intentos de unidad política de África así como de integración económica, a nivel subregional y continental. De hecho, la naturaleza del liderazgo en la mayoría de los países fue y sigue siendo uno de los principales problemas del continente.

Por lo tanto, la conjunción de estos factores explica el fracaso de la primera liberación de África, iniciada por las independencias al principio de los años sesenta. Este fracaso fue aún más palpable cuando el Banco Mundial y el FMI empezaron sus intervenciones a finales de los setenta, como respuesta a la crisis de la deuda externa. Encontraron a un continente que, en buena medida, iba encaminado hacia el proceso de recolonización. La mayor parte de los logros de estas dos primeras décadas de independencia había sido cuestionada. Los estados poscoloniales atravesaban una crisis profunda de legitimidad a raíz del fracaso del proyecto neocolonial, del cual eran uno de los elementos claves. El Banco Mundial y el FMI no hicieron otra cosa que acentuar este proceso de recolonización imponiendo sus programas de ajuste estructural a principios de los ochenta.

II) Las luchas por la Segunda Liberación de África

Sin embargo, aquello no fue suficiente como para quebrantar la resistencia de los pueblos africanos. Al contrario, los sindicatos obreros se opusieron con mucha fuerza a los planes de austeridad impuestos por el Banco Mundial y el FMI. Los intelectuales africanos, a través de varias ONG e institutos de investigación, desmontaron los análisis y las tesis de aquellas dos entidades. La OUA y la Comisión económica para África (CEA), publicaron el Plan de Acción de Lagos (PAL), un primer y osado intento del continente por romper con los modelos heredados de la colonización. Este plan, fruto de varios años de reflexión y de encuentros entre intelectuales y responsables africanos, era un producto 100% africano, sin intervención externa. Pero unos meses más tarde, el Banco Mundial publicaba un documento, conocido bajo el nombre de ”Plan Berg”, del nombre de su autor, Elliot Berg, cuyo principal objetivo era de contrarrestar el Plan de Lagos.

En el ámbito político, y a pesar de unos medios muy limitados, la OUA seguía movilizando la opinión africana e internacional para apoyar la lucha del pueblo sudafricano contra el odioso sistema de apartheid y liberar las últimas colonias del continente.

A) Las contribuciones de Sankara

En este contexto, la figura emblemática de Thomas Isidore Sankara, líder carismático de la revolución burkinabé, toma una dimensión significativa. La llegada de Sankara y de sus compañeros al poder había sido el resultado de la resistencia llevada a cabo por las fuerzas políticas y sociales africanas contra el neocolonialismo y los intentos de recolonización de los programas de ajuste estructural. Sankara y sus compañeros de arma tomaron el poder en un país considerado como uno de ”los más pobres” del mundo! El genio de Sankara consistió en entender que la primera cosa que tenía que hacer era de emancipar la mente de sus compatriotas y de descolonizar sus espíritus. Eso explica por qué empezó por devolverles su orgullo convirtiendo el antiguo ”Alto Volta” en ”Burkina Faso”, o ”país de los hombres íntegros”. No fue un simple cambio de nombre, como ocurrió con el Zaire de Mobutu. Con Sankara, este cambio tenía un trasfondo ideológico, político y cultural. La referencia al ”país de los hombres íntegros” permitió que el pueblo recobrara su orgullo y su dignidad, para que tuviera confianza en si mismo y fe en su capacidad por labrarse un futuro, contando sobre todo con sus propias fuerzas. 

Las luchas por la segunda liberación de África (II)
fuente
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63525

La lucha por la Segunda Liberación de África está en una fase avanzada, y la batalla se extiende a todos los frentes. A pesar de las apariencias, África se encuentra en la vía de su emancipación. Las convulsiones actuales son las señales anunciadoras de una Nueva África que nace en medio del dolor. Los pueblos africanos han retomado la antorcha encendida por Nkrumah, Lumumba, Sankara y demás líderes e intelectuales africanos, con el fin de llevar su misión a cabo. No quieren seguir aceptando que otros hablen en nombre de África y decidan por ella.

1) Un líder visionario

Además de ser un revolucionario sincero, Thomas Sankara era un gran visionario, al igual que Kwame Nkrumah (Ghana). De hecho, todas las grandes cuestiones que constituían el núcleo de las luchas de los pueblos africanos y de los debates internacionales, habían estado en el punto de mira de las políticas implementadas por Sankara. Había dado mucha importancia a la protección del medio ambiente, que se ha convertido hoy en día en una prioridad mundial. Entendió también que la libertad y la independencia de un país tienen que fundamentarse en la capacidad de este país de alimentarse por si solo. De ahí la gran movilización del pueblo burkinabé por llegar a la soberanía alimenticia. Más allá de esta soberanía, exhortaba a su pueblo para que consumiera lo que producía. Estas políticas eran los ejes de su visión de un desarrollo autocentrado, en ruptura con la herencia imperialista y colonial. La lucha contra la corrupción, muy de moda estos días, y que los países occidentales utilizan como condición para la concesión de su supuesta "ayuda", era una de las prioridades de Thomas Sankara. No lo hacía para conseguir los ”favores” de los países desarrollados, sino para sanear la moral pública y fortalecer la confianza del pueblo en sus dirigentes y en las instituciones públicas. La promoción y protección de los derechos de la mujer, la guerra contra todas las formas de discriminación de género, también formaba parte de sus prioridades políticas. En cuanto a la deuda de África, era el único jefe de Estado que la denunciaba como un instrumento de dominación y hasta como una nueva forma de esclavización del continente. En julio de 1987, escasos meses antes de su asesinato, decía: ”la deuda, bajo su forma actual, es una reconquista de África, perpetrada de forma inteligente, para que su crecimiento y su desarrollo sigan unos patrones, unas normas totalmente extrañas para nosotros. Haciéndolo de tal manera que cada uno de nosotros se convierta en el esclavo financiero, es decir en el esclavo sin más, de gente que han demostrado ser lo suficientemente oportunista, maliciosa y embustera como para invertir sus fondos en nuestros países con la obligación de que se los devolviésemos” .

Este análisis pertinente del papel de la deuda externa de África ejemplifica aún más el carácter visionario del liderazgo de Sankara. De hecho, la deuda ha demostrado que era un instrumento de dominación en manos de los países occidentales, del Banco Mundial y del FMI para recolonizar a África y acelerar el expolio de sus recursos a través de las privatizaciones y demás políticas neoliberales que han quitado a los países africanos el derecho de elaborar sus propias políticas de desarrollo.

2) Heredero de los dirigentes y de los pensadores revolucionarios

El pensamiento y la acción de Thomas Sankara tomaban su principal fuente de inspiración en algunos de los ”Padres de la Independencia” y de los eminentes pensadores del continente. De hecho, Thomas Sankara era un digno heredero de Kwame Nkrumah, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Julius Nyerere, Gamal Abdel Nasser, Ahmed Ben Bella, Steve Biko y de muchos otros líderes y revolucionarios panafricanistas. Sankara conocía también las ideas de los grandes pensadores africanos y de la Diáspora, como Cheikh Anta Diop, Joseph Ki-Zerbo, Frantz Fanon, Osende Afana; Félix Moumié, Abdou Moumouni, William E. DuBois, Malcolm X, Walter Rodney y muchos más pensadores panafricanistas.

Pero Thomas Sankara, como revolucionario, había sido también influenciado por otros pensadores revolucionarios a nivel mundial. En este sentido, organizó una semana antes de ser asesinado una ceremonia de conmemoración del gran revolucionario e indomable luchador por la libertad que fue Ernesto ”Che” Guevara. Este homenaje era también una forma de demostrar su profunda admiración y su apoyo indefectible a la Gran Revolución Cubana liderada por Fidel Castro. Apoyaba a todos los pueblos en lucha contra el imperialismo y el neocolonialismo.

Aprovechaba todas las oportunidades, tanto en Burkina como fuera del país, para denunciar las agresiones y crímenes del sistema imperialista mundial contra los pueblos del mundo, y para apoyar las luchas de los pueblos y naciones contra el colonialismo y la explotación del sistema capitalista.

Para Sankara, este apoyo era muy natural, puesto que para él, la revolución burkinabé era la heredera de todas las revoluciones del mundo, de todas las luchas llevadas a cabo por los pueblos y las naciones oprimidas de la historia.

Muchos antes de los estragos causados por los programas de ajuste estructural, había denunciado las políticas del Banco Mundial y del FMI y rechazado su ”asistencia”. Trataba a los ”expertos” de charlatanes, cuyos consejos no hacían otra cosa que hundir más aún a los países en la crisis económica y la dependencia externa. A la vez, fustigaba la ”ayuda” internacional que contribuía a empeorar la dependencia de los países del Sur.

Todo ello lo convertía en un revolucionario profundamente sincero y solidario con todos los pueblos en lucha. Su valor, su temeridad, su carisma y su liderazgo visionario habían acabado por convertirle en una leyenda viva. Su último sacrificio y la profundidad de su mensaje hicieron de él un héroe legendario, un ”magnífico príncipe negro” quien, al igual que Malcolm X, el Afroamericano, volverá algún día para liberar a los pueblos africanos de la opresión. .

3) La visión de Sankara acerca de la Liberación de África

Para Thomas Sankara, la lucha es la única vía posible hacia la libertad y la felicidad. Había entonces que movilizar al pueblo para que luchara por el progreso social, por la justicia, la libertad, la soberanía y por reconquistar su dignidad humana. Para él, esta dignidad era fundamental. Todo lo demás quedaba subordinado a este objetivo primordial. Por ello pensaba que la repartición del producto nacional y el modelo de consumo debían ser supeditados a la realización de este objetivo. De ahí el principio según el cual, se debe ”contar con sus propias fuerzas” y consumir lo que uno produce. La soberanía alimentaria era un eje estratégico de la política de Sankara, porque era consciente de que un país que no podía alimentarse corría el riesgo de perder no sólo su independencia pero sobre todo su dignidad. Para movilizar al pueblo y reforzar su unidad, Sankara sabía que tenía que acabar con el apartheid nacional, un sistema en el cual una minoría disponía de la mayoría de los recursos. Esta situación resultaba de unas relaciones feudales alentadas por la colonización.

Para Sankara, la realización de estos objetivos pasaba por el fin del neocolonialismo y la reconquista de la soberanía de los pueblos sobre sus propios recursos. De hecho, para él, el necolonialismo es el enemigo principal que impide la realización de estos objetivos. Así pues, luchar y vencer al neocolonialismo es la condición necesaria para la culminación de la liberación de África. Sankara ha ahondado en este sentido más que cualquier dirigente revolucionario o progresista después de Nkrumah y Cabral, aplicando el principio de que para ser auténtica, la Segunda Liberación de África tenía que desembocar en la construcción del socialismo. Con otras palabras, la verdadera liberación no era posible en el marco del capitalismo.

Esto es aún más comprensible si consideramos el tributo muy elevado que África ha pagado para el nacimiento y desarrollo del capitalismo. Como bien sabemos, la esclavitud ha jugado un papel clave en lo que Karl Marx llamó la ”acumulación primitiva” del capital. El colonialismo ha jugado un papel primordial en el desarrollo del capitalismo en EEUU y en particular en Europa. La prosperidad actual de estos países viene en gran parte del expolio de los recursos del continente africano y de otros países del Sur. Por ello, toda emancipación económica, social, política y cultural del continente debe necesariamente pasar por la ruptura con el capitalismo.

La visión, las ideas y la acción de Thomas Sankara han tenido mucho eco en el conjunto del continente, porque encarnaba la subversión permanente contra los valores e instituciones del imperialismo y del neocolonialismo, contra la dominación extranjera. Encarnaba una visión optimista del futuro, en contra del discurso que predominaba en África. Por ello se opusó al fatalismo de la ”pobreza” para movilizar a su pueblo con el fin de que se enfrentara a sus propios problemas, en lugar de contar con una supuesta ”ayuda” internacional. Con su impulso, el pueblo burkinabé realizó proezas impensables, entre otros la construcción del ferrocarril entre Ouagadougou y Kara, la de varias pequeñas presas hidráulicas y sobre todo la consecución de la soberanía alimentaria.

En cuatro años, entre 1983 y 1987, consiguió derrumbar determinados mitos, muy tenaces, y restar credibilidad a muchos estereotipos sobre África gracias a su gran visión, a la claridad de su pensamiento y a la sinceridad de sus convicciones.

B) Las luchas de hoy en los distintos frentes

Pero la visión y la acción de Sankara tenían un alcance que desbordaba de mucho las fronteras de su Burkina natal y las del propio continente. Tenía muchos seguidores en el resto de África. Por ello se convirtió en el héroe y en la referencia de la juventud y de todas las fuerzas que luchan en distintos frentes por la Segunda Liberación de África.

1) Las luchas de los intelectuales y de los movimientos sociales

Ya lo hemos mencionado antes, las políticas que formaban parte de las prioridades de Thomas Sankara constituyen hoy en día el núcleo de las luchas de los intelectuales y de los movimientos sociales africanos. La movilización contra los programas de ajuste estructural, la lucha por la condonación de la deuda externa ilegítima del continente, la celebración del ideal panafricanista y de integración de África, y el rechazo de las políticas neoliberales, conforman una serie de luchas que todas tienden a la liberación total de África, para que el continente pueda asumir su destino. Estas luchas son apoyadas por los movimientos sociales e intelectuales como Samir Amin, Théophile Obenga, gran discípulo de Cheikh Anta Diop, Jean-Marc Ela, Aminata Traoré, Boubacar Boris Diop, Mohau Pheko, Thandika Mkandawire, Yash Tandon, Issa Shivji, Adebayo Olukoshi y los investigadores agrupados dentro del Consejo para el desarrollo de la investigación en ciencias sociales en África (CODESRIA), Doña N?dri Assié-Lumumba y las investigadoras agrupadas en el seno de la Asociación de mujeres africanas para la investigación y el desarrollo (AFARD), los Sres George Nzongola, Elikia Mbokolo, Djibril Tamsir Niane, eminentes historiadores, y muchos más.

Todos estos intelectuales comparten los valores encarnados por Sankara y sus ilustres predecesores. Constituyen un verdadero ”ejército de la sombra”, y llevan a cabo una lucha sin concesiones contra el neocolonialismo y sus representantes en África, en particular contra la ”Françafrique”, contra la dominación imperialista y todas las formas de dominación extranjera, así como contra el expolio de los recursos de África. Algunos de ellos han respondido de forma muy contundente a las palabras falacias e insultantes que Nicolas Sarkozy pronunció en contra de África, durante su visita a Dakar en julio de 2007. Estos intelectuales encabezan la lucha contra el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Han contribuido de manera importante a restar crédito a estas instituciones y a deslegitimar sus políticas.

También han contribuido de manera importante a llamar la atención de los dirigentes africanos acerca del peligro de los Acuerdos de partenariado económico que la Unión Europea quiere imponer a África.

A nivel político, han tenido un papel clave en la concienciación de los jefes africanos acerca de la necesidad de acelerar la unidad del continente y de reapropiarse las ideas defendidas por Nkrumah, Lumumba, Cabral, Nasser, Cheikh Anta Diop, Nyerere y Sankara, entre otros. El debate actual sobre los Estados Unidos de África y el gobierno de la Unión africana es un ejemplo claro de la influencia que tienen.

Son los depositarios de un pensamiento radical que tiende a destruir la mentalidad heredada de la esclavitud y del colonialismo. Se trata de un pensamiento profundamente optimista y que tiene fe en la capacidad de los pueblos africanos para labrarse su propio futuro de forma autónoma y para encontrar su propia vía de desarrollo, fuera de los supuestos modelos ”universales”. Para este pensamiento, no puede haber una experiencia de desarrollo ”universal”, sino más bien experiencias marcadas por su época y por las características de su espacio cultural y social. Pueden contener algún tipo de enseñanzas útiles, pero no se pueden aplicar tal cual en otras sociedades. Este pensamiento es profundamente liberador y se basa en la confianza que tiene en la inteligencia creadora de los pueblos africanos Se trata de un pensamiento audaz, subversivo y vigilante contra cualquier forma de dominación.

Aquellos intelectuales están integrados en los movimientos sociales africanos, que desafían el paradigma neoliberal y buscan la construcción de Otra África. Están también influenciados por las ideas y el ejemplo de Sankara y de sus ilustres predecesores. La herencia de Sankara y la influencia de sus ideas y de sus mensajes son tan presentes que el año 2007, que correspondía al vigésimo aniversario de su asesinato, fue declarado ”Año Sankara” por los movimientos sociales africanos.

Estos movimientos quieren edificar Otra África a través y para sus pueblos. Una África liberada de la dominación extranjera, una África unida, democrática y fuerte, que tenga un peso importante a nivel mundial. Este objetivo desafía de forma magistral a las fuerzas que quieren seguir ejerciendo su dominación sobre África y expoliar sus recursos. La búsqueda de este objetivo es un Manifiesto de libertad y emancipación intelectual, política, económica y cultural de gran alcance histórico. De hecho, el primer paso hacia el fin de la dominación imperialista y neocolonialista es la emancipación de los espíritus. ¿No decía Steve Biko, héroe y mártir de la Revolución en Sudáfrica que ”el arma más potente entre las manos del opresor es la mentalidad del oprimido”?

Y uno de los papeles claves de los intelectuales y de los movimientos sociales africanos es el de contribuir a esta emancipación sin la cual las demás formas de emancipación no tendrían ningún sentido. Rechazar y restar crédito a los valores del sistema imperialista, deslegitimar a este sistema y a sus instituciones, éste es el proceso que debe llevar la liberación mental e intelectual, sin la cual no puede haber ninguna Liberación. A la vez, habrá que forjar nuevos valores y conceptos a partir de la realidad vivida por los propios africanos y no la que los demás describen para ellos.

Pero la influencia de Sankara para Segunda Liberación de África no se limita a los movimientos sociales y a los intelectuales. También es perceptible a nivel de los Estados africanos y dentro de las instituciones regionales y continentales.

2) A nivel de los Estados

Sin duda, la caída del odioso régimen del apartheid en Sudáfrica, en 1994, dio una nueva dimensión a la lucha por la Segunda Liberación de África, a nivel político. La creación de la Unión Africana en 2001 y el debate actual acerca de los Estados Unidos de África son otras etapas importantes en esta lucha. De hecho, refleja una determinada toma de consciencia por parte de los dirigentes africanos, de que la unidad real de África es el único medio de supervivencia del continente frente a los desafíos planteados por la globalización neoliberal. Pero el debate acerca de los EEUU de África constituye sobre todo un homenaje a Kwame Nkrumah y a todos los que compartían su gran visión y su combate por la unidad no sólo de los pueblos africanos pero también de la diáspora.

El rechazo unánime de los Acuerdos de partenariado económico (APE) por parte de los jefes africanos en Lisboa, los 8 y 9 de diciembre 2007 es otro ejemplo de la madurez de un proceso de ruptura con el neocolonialismo. El rechazo de los APE ocurre en un contexto general donde los países africanos quieren estrechar sus relaciones con otros países del Sur. Estos últimos años, hemos presenciado un acercamiento entre África y China, con la celebración de la Cumbre África/China (noviembre 2006), entre África y Latinoamérica, sobre todo con Brasil, Venezuela y con la India. Estas relaciones han permitido ensanchar el margen de maniobra de los jefes africanos con las antiguas metrópolis y las instituciones financieras internacionales. Sin este proceso, el rechazo de los Acuerdos de partenariado económico que quería imponer la Unión Europea hubiese sido impensable.

La máxima prioridad dada a las políticas de soberanía alimenticia dentro de la Comunidad de Estados de África del Oeste (CEDEAO) o en países como Malí y Senegal, es otro ejemplo de la concienciación a nivel estatal. Constituye también un homenaje a la visión de Thomas Sankara.

III) Conclusión

La lucha por la Segunda Liberación de África está en una fase avanzada, y la batalla se extiende a todos los frentes. A pesar de las apariencias, África se encuentra en la vía de su emancipación. Las convulsiones actuales son las señales anunciadoras de una Nueva África que nace en medio del dolor. Los pueblos africanos han retomado la antorcha encendida por Nkrumah, Lumumba, Sankara y demás líderes e intelectuales africanos, con el fin de llevar su misión a cabo. No quieren seguir aceptando que otros hablen en nombre de África y decidan por ella. Trabajan para el surgimiento de un liderazgo ilustrado, audaz y convencido de los ideales panafricanistas para acelerar la unidad auténtica de África. Llaman a la movilización de las fuerzas sociales y políticas que encarnan el cambio, en torno a la visión y a los objetivos mencionados.

En su lucha por la Segunda Liberación de África, los pueblos africanos saben apreciar la solidaridad de todos los pueblos del mundo, en particular la de los pueblos europeos con los que comparten innumerables lazos, tejidos a lo largo de la Historia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.