Vigésimo primer aniversario del asesinato del presidente de Burkina Faso : Thomas Sankara vive

Odile Tobner

Traducido por Caty R.

El recuerdo de Thomas Sankara permanecerá eternamente en la memoria de África. Con sus palabras y sus actos respondió exactamente a la situación histórica que vivía su país. Definió perfectamente las condiciones y emprendió valientemente las acciones necesarias para responder. Estos dos rasgos: la clara consciencia y la acción resuelta, unidas de forma excepcional en un líder que los pueblos raramente tienen, eran tan inadmisibles para los poderes que se ejercían sobre África, que una despreciable conspiración, que utilizó el rencor de los suyos para eliminarlo, vino a poner fin a su empresa. La conjunción de ambiciones rastreras y mezquinos intereses privó a Burkina Faso de la oportunidad histórica que el destino le había brindado.

Pero lo que nunca podrá borrarse son las palabras del presidente Sankara, que resuenan mucho más allá de Burkina Faso. Desde su desaparición, África se sumió, todavía más, en los males cuyas causas había descrito Thomas Sankara. Sus observaciones siguen siendo totalmente actuales:

«Hay que proclamar que sólo podemos sanear nuestros pueblos si volvemos radicalmente la espalda a todos los modelos que los charlatanes de todos los pelajes han intentado vendernos durante veinte años. No podemos conseguir ese saneamiento fuera de dicho rechazo. No conseguiremos el desarrollo si no hacemos la ruptura.

Además, todos los nuevos ‘guías intelectuales’, que salen de su sueño sobresaltados por el empuje vertiginoso de miles de millones de desharrapados, asustados por la amenaza que proyecta sobre su digestión esta multitud acosada por el hambre, comienzan a remodelar sus discursos y, en una búsqueda ansiosa, exploran una vez más en nuestras zonas y emplazamientos las recetas-milagro de nuevas formas de desarrollo para nuestros países. Para convencerse basta con ver los numerosos actos y los innumerables coloquios y seminarios» (Discurso en la ONU, octubre de 1984).

Efectivamente, desde hace más de 20 años no han faltado soluciones milagrosas recomendadas e impuestas por al Banco Mundial, la ADF (Fundación para el desarrollo de África) o los APE (Acuerdos de partenariado económico), asesorados por ejércitos de expertos. El inevitable fracaso de esas políticas llega finalmente a conclusiones racistas, señalando a los africanos como culpables de los fracasos. Lo pudimos comprobar todavía en el discurso de Nicolas Sarkozy en Dakar. Mientras que la causa esencial del fracaso de todas estas políticas es, exclusivamente, que no son africanas.

Thomas Sankara quería una política africana, partiendo de las realidades africanas y con la vuelta hacia el desarrollo de una economía y una cultura africanas, con los medios y los objetivos que eran los suyos, una política completamente al servicio de los africanos. Sankara tenía un conocimiento absoluto de las vivencias de la gente, de sus problemas más elementales, e imaginaba soluciones realistas y concretas. Con pocos medios y mucha inteligencia obtuvo resultados prometedores y sobre todo fomentó las iniciativas de los jóvenes y las mujeres para conseguir su independencia económica. Esos millones de iniciativas liberadoras que consiguen el único y auténtico desarrollo.

Hoy que nos siguen calentando los oídos con micro proyectos, micro créditos que los tecnócratas organizan con condescendencia desde el fondo de sus despachos, se sigue ignorando el verdadero mecanismo del éxito, que reside en el espíritu de una política total, elaborada enteramente al servicio del pueblo. Thomas Sankara devolvió su sentido a la hermosa palabra, demasiado maltratada: Revolución. Sankara sabía que la sociedad africana aspiraba a cambios radicales que la sacarían de un sometimiento de siglos y quiso librarla del peso aplastante de ese sometimiento. Y porque el presidente estaba en el camino del éxito le asesinaron después de haberle atacado con las más vergonzosas campañas de difamación.

A la pobreza de los habitantes de Burkina Faso correspondía un Estado de una modestia ejemplar, sin exhibiciones fastuosas, pero un Estado orgulloso que no bromeaba con su dignidad y el respeto que se le debía, el mismo que a los Estados más poderosos. Thomas Sankara representó magníficamente a su país en las tribunas de las organizaciones internacionales pronunciando discursos auténticos y no de conveniencia. Presentó la imagen de una África noble y segura de sí misma, imaginativa y original, en vez de una vulgar imitadora de otros, los nuevos ricos amantes de los lujos que han dado lugar a multitud de dirigentes indignos.

Podemos decir por lo tanto, sin temor a equivocarnos, que al asesinar a Sankara se quiso asesinar a África, como se asesinó al África de Lumumba, que no pudo ser más que un breve destello, para permitir al África de Mobutu exhibir sus vicios durante decenas de años. Sankara encarnó la revolución africana que anunció Franz Fanon. Era consciente de la hostilidad que causaba su figura entre los partidarios del politiqueo. Quizá no era totalmente consciente de su excepcionalidad cuando decía que si le mataban otro Sankara, otro Lumumba u otro Nkruman se alzarían para guiar a los africanos.

Siempre seguimos esperando a otro Sankara, y mientras tanto comprobamos que la mejor juventud africana se nutre con su ejemplo, reconoce la precisión de su discurso y sus actuaciones y se inspira en su pensamiento. La existencia y la lucha de Thomas Sankara no fueron inútiles. La influencia que ejerce y seguirá ejerciendo sobre el destino de los africanos es incalculable. Pudieron asesinarlo vilmente, pero nadie puede conseguir que desaparezca su presencia con todo lo que conlleva de inteligencia y fuerza para todos sus seguidores. Sankara nos legó para siempre el ejemplo de su vida. Sigue aquí, y ante su presencia se borran los impostores. A Thomas Sankara y a sus compañeros caídos, para que África viva, les ofrecemos nuestro reconocimiento y la seguridad de que siempre permanecerán vivos en nuestras memorias.

Original en francés: http://thomassankara.net/?p=0424

Odile Tobner es profesora de francés, escritora y viuda del escritor Mongo Beti con quien compartió su vida y su lucha. Con él dirigió, de 1978 a 1991, la revista bimestral Peuples Noirs, Peuples Africains . Colaboró en la elaboración del Dictionnaire des Littératures de langue française de J. P de Beaumarchais, D. Couty y A. Rey (Bordas 1984). También es coautora, con Mongo Beti, del Dictionnaire de la négritude , (L’ Harmattan, 1989) y en 2007 ha publicado su último libro, Du racisme français» Quatre siècles de Négrophobie (El racismo francés, cuatro siglos de «negrofobia»), ed. Les Arènes. Desde 1993 dirige la «Librairie des peuples Noirs», fundada por Mongo Beti, en Yaoundé, Camerún. Desde 2005 es presidenta de la asociación Survie , que denuncia la «Francáfrica» (el pacto neocolonial que mantiene los vínculos de las ex colonias francesas de África con Francia) y es editora de su revista mensual Billets d’Afrique .

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente

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